Sunday, 29 November 2009
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Manderley
Disfrutaba la ternura de la noche dejándose zarandear de aquí para allá por todos los espíritus del alcohol. Se empeñaba en abarcar entre sus brazos las ráfagas de rostros iluminados por lejanas farolas de sodio. Con la excusa de no sé qué ebriedad, allanó minifundios de piel y susurró alguna que otra audacia ininteligible para oídos menos entusiastas. Se supo adorado y quiso compartir con todos su magia y su poder.
A veces, sin embargo, se detenía y alzaba la vista contra un cielo cuyo significado le desconcertaba. Respetaba lo ancestral de la noche. Entonces, se replegaba en sí mismo y, de pronto, se sentía muy lejos de todo.
Dio la espalda al bullicio. Clavó el vaso de plástico en la arena, se desabotonó lentamente la bragueta y respiró con alivio. La orina desembocaba entre su pie y el vaso herido; antes, serpenteaba por la corteza de un árbol joven. Tenía la mirada fija en el punto exacto donde el brillante chorro se desintegraba contra el tronco. La mano derecha exprimió las últimas gotas, mientras la izquierda se complacía acariciando mansamente su vientre. Cerró los ojos y se abandonó.
Sobre el horizonte de una brisa tímida, despuntaban himnos fugados de un coche cercano, himnos hoy inofensivos listos para estremecer mañana. Paladeaba cada bocanada de aire robada al futuro y, aunque le costaba mantenerse erguido, se sabía más veloz que las grandes esperanzas que pesaban sobre su vida.
Regresó abriendo muy lentamente los ojos. Sospecho que esperaba encontrar un mundo diferente. Mientras se abotonaba el pantalón, observó cómo, entre la oscuridad que circundaba su árbol, palpitaba un tímido punto de luz roja. Parecía extinguirse y, al instante, se inflamaba y hacía resplandecer, unos centímetros por detrás, cálidos retazos de un rostro de mujer.
—Acércate.
Jamás se le pasó por la cabeza desobedecer. Se secó los dedos en los vaqueros y adoptó súbitamente esas formas demasiado rígidas del adolescente que aparenta familiaridad con los ritos que sabe se le suponen ajenos.
—Acércate más, déjame verte bien —a través de una vaharada de luz y de humo ámbar tropezó con dos pupilas extrañas que lo desnudaban—. ¡Qué guapo eres, cabrón! ¡Cuántos estragos vas a hacer!
Algo turbado, volvió la mirada. Pensó que el bullicio decaería en su ausencia, pero como en otras muchas ocasiones comprobó que no era insustituible.
—¿Ya has estado con una chica? ¿No? Ven aquí.
Poco a poco, la penumbra fue insinuando las formas que antes la oscuridad obligó a imaginar. Una mano suave y fría lo tomó de su mano.[Taller de literatura erótica - 1er Texto - 4 de noviembre de 2009]
Tuesday, 24 November 2009
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Odiarás al prójimo como a ti mismo
«Quizá hallemos la pista en uno de los pretendidos ideales postulados por la sociedad civilizada. Es el precepto "Amarás al prójimo como a ti mismo", que goza de universal nombradía y seguramente es más antiguo que el cristianismo, a pesar de que éste lo ostenta como su más encomiable conquista; (...) ¿Por qué tendríamos que hacerlo? ¿De qué podría servirnos? Pero, ante todo, ¿cómo llegar a cumplirlo? ¿De qué manera podíamos adoptar semejante actitud? Mi amor es, para mí, algo muy precioso, que no tengo derecho a derrochar insensatamente. Me impone obligaciones que debo estar dispuesto a cumplir con sacrificios. Si amo a alguien, es preciso que éste lo merezca por cualquier título. (...) Merecería mi amor si se me asemejara en aspectos importantes, a punto tal que pudiera amar en él a mí mismo; lo merecería si fuera más perfecto de lo que yo soy, en tal medida que pudiera amar en él al ideal de mi propia persona; debería amarlo si fuera el hijo de mi amigo, pues el dolor de éste, si algún mal le sucediera, también sería mi dolor, yo tendría que compartirlo.»
Como bien supone Freud, el ideal del amor fraternal exógamo es muy anterior a Jesucristo, y está ya presente en una figura que guarda un fuerte paralelismo con la del judío: el Sócrates platónico. No en vano, en "La República" Sócrates desconcierta a todos los convidados al banquete con su crítica a la ética de raíz homérica del "haz el bien a tus amigos y el mal a tus enemigos". Sin embargo, no será hasta el infausto advenimiento del cristianismo cuando se imponga, de modo ciertamente perverso, esta suerte de ética buenista (no me atrevo a calificarla de filantrópica, ya que bajo su manto de amor pantribal no late sino una simple cuestión de estricta obediencia hacia el mandato divino y, por tanto, desprecio hacia lo que hay de humano en el hombre).
«En cambio, si me fuera extraño y si no me atrajese ninguno de sus propios valores, ninguna importancia que hubiera adquirido para mi vida afectiva, entonces me sería muy difícil amarlo. Hasta sería injusto si lo amara, pues lo míos aprecian mi amor como una demostración de preferencia, y les haría injusticia si los equiparase con un extraño. (...) Este extraño ser no sólo es indigno de amor, sino que ---para confesarlo sincesarmente--- merece mucho más mi hostilidad y mi odio. No parece alimentar el más mínimo amor por mi persona; no me demuestra la menor consideración. Siempre que le sea de alguna utilidad, no vacilará en perjudicarme, y ni siquiera se preguntará si la cuantía de su provecho corresponde a la magnitud del perjuicio que me ocasiona. Más aún: ni siquiera es necesario que de ello se derive un provecho; le bastará experimentar el menor placer para que no tenga escrúpulo alguno en denigrarme, en ofenderme, en difamarme, en exhibir su poderío obre mi persona (...). Existe un segundo mandamiento que me parece aún más inconcebible y que despierta en mí una resistencia más violenta: "Amarás a tus enemigos".»Sigmund Freud, El malestar en la cultura
Por más de dos mil años, la terna Sócrates-Aristóteles-Jesucristo delimitará la geometría del espacio ético de Occidente. Y entonces llegará Kant y todo lo que después vino.
Thursday, 19 November 2009
Wednesday, 18 November 2009
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Un subcontratado es un subcontratado es un subcontratado es un...
Este diagrama explica a la perfección nuestro presente laboral. Nuestro sudor da de comer a 5 CEOs.
Tuesday, 17 November 2009
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Diet love
11 meses de relación generaron mensajes de texto suficientes para sobrescribir un tercio del Ulises, 6 tarjetas y media de 2 gigabytes de memoria en fotos (de vacaciones, de cumpleaños, de prácticas sexuales aberrantes), 11 MB en conversaciones por Messenger (apenas 200 kB en formato .ZIP) y el equivalente a 7 días completos de conversación telefónica ininterrumpida. Cortó con ella por SMS y aún le sobraron 140 caracteres.
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- Name: zazou
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