Wednesday, 10 September 2008

  • Culos

    —Pues opino que TAL...
    —Pues, con todo el respeto que me mereces como persona, ESO que has dicho me parece una soberana memez.
    —Oye, pero ¿por qué me descalificas?
    —No, no. No soy yo, son tus opiniones las que te descalifican.
    —Pero no es justo, yo he respetado tus opiniones.
    —Pues mal hecho. Yo te respeto a ti, pero no tengo por qué respetar tus opiniones. De hecho me parecen de lo más perezosas.
    —¿Ves como me insultas? Y yo, en cambio, te respeto.
    —No, no lo haces y te demostraré por qué: las opiniones no están para ser respetadas. O se asumen o se rechazan. Si las respetas, condesciendes conmigo, porque, en el mejor de los casos, antepones lo que tú crees que debe ser la cortesía a los argumentos en los que tanto esfuerzo he invertido, pero si yo quisiera depurar mi urbanidad no estaría consumiendo mi tiempo en ESTO. Así que no, no me respetas. Sólo respetas mis opiniones. Vete, fundamenta lo que dices y, cuando lo notes fibrado, tocas al timbre.

Comments (2)

  • pablo_madrid

    Las doctrina de la conveniencia de ser políticamente correcto nos conduce a un relativismo en el que todo es igual de válido. Se parapeta tras la libertad de expresión y en la concepción de la libertad en general como una propiedad que puede cercarse y defenderse a espada.
    Un opinión que exige respeto exige realmente no ser cuestionada, y eso no es una opinión entonces, sino un dogma. El relativismo cultiva jardines de dogmas en las traseras de nuestros adosados intelectuales. Los dogmas solo tienen sentido para partir de ellos hacia algo, no para llegar a ellos desde otra cosa.
    Tienes razón. Tener respeto por las opiniones es aceptar una idiotización del discurso para resultar más políticamente correcto. Y, realmente, si eso es de lo que se trata, no hay nada más políticamente correcto que mantener la boca cerrada.

  • anonymous

    Sobre el primer comentario, una puntualización poco relacionada sobre lo políticamente correcto:

    Me parece que la corrección política no consiste en respetar todas las opiniones, sino precisamente en señalar como intolerables aquellas que faltan al respeto (que no es lo mismo que ofender) -aunque sea por la forma en que son expresadas- a las personas (típicamente por razón de sexo, raza, etcétera). Por ejemplo, decir "no deben entrar más inmigrantes en España" no es políticamente incorrecto, pero decir "los inmigrantes son unos vagos" sí lo es.

    La corrección política aparece como un intento bienintencionado, aunque probablemente ingenuo, de evitar la discriminación en el lenguaje con el fin reducir la discriminación en la sociedad. Es decir, tiene un objetivo de transformación social. Por el contrario, la idea de que todas las opiniones valen lo mismo -el relativismo que criticáis- lo que trata es de desactivar cualquier cambio: no tiene sentido transformar nada porque no sabemos que es bueno ni que es malo... y seguro que vamos a ofender a alguien.

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