Friday, 19 June 2009

  • Lo que esperas de la vida

    Era una chica obtusa. Hablaba de atardeceres en el campo haciendo palomitas de maíz en el porche. En otro tiempo eso me habría alegrado el corazón, pero como el suyo no estaba alegre cuando me lo contaba supe que en lo que me contaba no había nada salvo la idea de lo que se debe hacer.

    —¿Y qué más haces para divertirte?

    Intentaba sacar el tema de los chicos y el sexo. Sus grandes ojos oscuros me miraron vacíos y con una especie de pesadumbre que se remontaba en su sangre a generaciones y generaciones atrás por no haber hecho lo que la vida había pedido a gritos hacer... (fuera lo que fuere, y todo el mundo sabía lo que era).

    —¿Qué es lo que esperas de la vida?

    Quería forzarla a que me dijera lo que sentía. Pero la chica no tenía la menor idea de lo que quería. Masculló algo sobre empleos, películas, visitas a su abuelo en el verano, ganas de viajar a Nueva York e ir al Roxy, y la ropa que le gustaría ponerse..., un vestido parecido al que había llevado la pasada Pascua: gorrito blanco, rosas, zapatos de salón rosas y chaqueta de tela de gabardina.

    —¿Qué haces los domingos por la tarde? —le pregunté.

    Los pasaba sentada en el porche. Los chicos pasaban en bicicleta y se paraban a charlar. Leía tebeos, se tumbaba en la hamaca.

    —¿Qué haces las noches calurosas de verano?

    Las pasaba sentada en el porche, mirando los coches que pasaban por la carretera. Y su madre y ella hacían palomitas de maíz.

    —¿Qué hace tu padre las noches de verano?

    Me dijo que trabajar; tenía el turno de noche en la fábrica de calderas.

    —¿Qué hace tu hermano las noches de verano?

    Andar en bicicleta; pasar el rato enfrente de la heladería.

    —¿Qué le gustaría hacer? ¿Qué nos gustaría hacer a todos? ¿Qué queremos?

    No lo sabía. Bostezaba. Tenía sueño. Era demasiado. Nadie podía explicárselo. Nadie podría explicárselo jamás. Todo había terminado. Tenía dieciocho años y era de lo más adorable, y andaba perdida.

    Jack Kerouac, En la carretera

Comments (2)

  • NoAlcanza

    Qué psicoanalítico freudiano. Toda la sublimación para conseguir sexo. Incluso este matiz fascinante:


    "—¿Qué hace tu padre las noches de verano?

    Me dijo que trabajar; tenía el turno de noche en la fábrica de calderas."


    Como si importara la autoridad paternal-moral-positiva. Y el calor del verano fundiendo toda la farsa de la cópula pensable en las calderas, apareadas de la Naturaleza y el Hombre.


    Calcina de intriga y reduce a cenizas de descontento:


    "Tenía dieciocho años y era de lo más adorable, y andaba perdida."


  • ariadna_en_Naxos

    Vale ¡¡¡me lo tienes que dejar!!!! :P


    He estado esta mañana con los Milis, me han dado por "apta" ¡glups! ya te contaré...


    Besote

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